A falta de horizontes, desfallecemos en un fetichismo focalizado en objetos que tienen un especial significado emocional. Tal vez, porque han supuesto un punto de inflexión en nuestro relato existencial, que nos ha inducido a ahondar desde otras perspectivas. Bien podría suceder, por ejemplo, con un libro al cual consideramos insustituible, por el que, tan
Categoría: Anagramas
Quien sostiene un grito desatado e intermitente está luchando contra el olvido del agravio padecido; es un gesto que, de facto, se rebela para ser reconocido en su diferencia y para no absolver al sistema diabólico, que planea sutilmente no solo la disolución del daño, sino del sujeto mismo que grita.
Desconociendo, cuanto de inefable se desliza en la infinitud de nuestra ignorancia, poseemos la conciencia de saber mucho y doblegar el mundo; somos así de engreídos y arrogantes, tras haber negado la posibilidad de dioses que interfieran en nuestras vidas, nos fantaseamos como seres de poderío infinito basándonos de una idea de progreso anacrónica y
Nuestro poder de fantasear crea, casi, realidades paralelas que solo como tales tienen entidad. Y reaccionamos emocionalmente a lo que, propiamente, solo es una idea sita en nuestra mente, desatándose una agitación interna que experimentamos como contra un objeto real. Ahí, en el margen de tiempo que nos demoremos en identificar la naturaleza de cada
Rebelarnos contra nosotros mismo es resquebrajar la base sobre la que nos fundamentamos. Una cosa es la pasividad y el conformismo, otra la imposibilidad de aceptar desde donde nos hemos construido. La dificultad reside en que asumir ciertos aspectos exige un reconocimiento no solo de inteligibilidad, sino emocional, y tal vez ahí es cuando restallan
Agrietado el poder de la intuición, ante la opacidad de lo que hay, tan solo nos resta la elucubración circular que, por esa índole cíclica, nos enreda en un laberinto obsesivo de incomprensión, y, esta última, nos condena a la angustia que –como Heidegger afirmó- no es más que el testimonio de la presencia de
Un barrizal de concurrencias nos compele a desmoronarnos por exceso de presión o espesor. Así, hundidos en la ciénaga del suceder, alzamos una mano reclamando auxilio, y si nuestros gestos son vanos, solo podemos bracear aceleradamente y con fortaleza para licuar la densidad de tanto infortunio. Ya que, una cuestión es que te mueran y
El arrepentimiento implica culpa. Pero esta, bien puede ser un espejismo desamparados en el desierto de la autoexigencia o, bien la percepción de haber obrado contra los propios principios. En el primer caso, la culpabilidad deviene una sombra que enturbia por siempre nuestro ser; en el segundo, solo la voluntad y el coraje de la
Seguimos respirando, evitando los jadeos, mientras esperamos pacientes que todo llegue a término. Es la tregua concedida a la existencia para que se legitime: que aflore el sentido velado de poseer autoconsciencia sin atisbar ni propósito, ni fin; como si pudiera uno sostenerse por inercia, cuando la noción del sí mismo exige sediento un relato
Abrumados por una cultura decadente, sibilinamente violenta y cruel, por cuya elasticidad se despliega en senderos contrapuestos, siempre en lucha y con un vencedor de antemano conocido, desistimos y nos desvanecemos de impotencia. Sin embargo, no estamos legitimados a ser sujetos pasivos por incapacidad, porque toda actitud deviene una omisión o una acción de la